Soy complicado, para vos.


No soy complicado, es más, vos sos la complicada. No es narcisismo, pero sí, soy demasiado simple para vos. Soy tan simple que no lo crees. Soy tan simple que no me entendes. Soy tan, pero tan, simple que no cabe en tus cavilaciones mis elementales menudencias de tan poco estilo. Esas que te presento, libres, libres de todo oscurantismo, doble sentido o sórdidas intenciones. Te las presento, así como son, cortita y al pie diría mi yo enfermo de fútbol, así como son. Transparentes, originales y no tanto, copiadas y reinventadas.

Vos sos la que crees lo otro, todo lo demás. Vos sos la que pensás más allá del faro, cuando más allá solo hay barrancos y arrecifes poco cómodos como para sambullirte. Sólo vas a encontrar el abismo, siempre un abismo. El mar no es mío, no me pertenece ni lo administro. El faro, todo, todo acaba ahí.

Soy simple, no veo más allá. Mis idea surgen y viven por sí solas, no te creas todo el chamuyo filosófico que tantas noches fueron tu desvela. Son verdades, todas, pero no. Yo doy A por A, tal vez, en aquella ocasión, cuando era necesario, busqué una B, pero no fue más que por vos y tu complejo bienestar.

Y sí, ya sé, ya sé... que para vos todo esto es complicado, que te resulta difícil y hasta imposible entenderlo. Incluso este texto te va a parecer complicado, pero lo es tan poco, que no lo vas. ¿No lo ves? Siquiera use esas palabras tan peculiares y esas rebuscadas metáforas que te sacan de quicio.

Te dije te amo, una vez por párrafo, y tal vez no te diste cuenta. Y ya te lo volví a decir, y no, no te enteraste. Son tus complicaciones, son mis mis majas formas, sencillas y sosas. Soy tan simple que no me entendes. Soy complicado, para vos.