Los martes



Ahí nos encontrabamos, los dos, por primera vez, pensando en el otro. No pensando en el otro, sintiendo al otro, sufriendo por el otro. Por primera vez, eramos el otro.

Lo nuestro empezó con raros tintes ambivalentes que bien podía ser una noche, o un par tal vez. Para un martes con lluvia, nos veníamos bien.

Y mira que así fue. Empezamos los martes hasta que los agotamos y necesitamos de algún miércoles. Pero no nos quedamos ahí, para peor, pasamos a creer que el jueves vendría bien, pero sin olvidar el martes, nunca olvidar el martes. Y quizá algún viernes.