Disculpa River, no fuimos Boca

En medio de la barbarie, un poco de nobleza.
Y si, como hincha, hasta hoy todavía estoy avergonzado. Anoche, cuando distraía mi pensar con alguna absurda sitcom yankee, evitando ese doloroso cavilar que nos da la calma horizontal que precede al sueño, me invadió de todas formas la idea de que, el jueves 14 de mayo de 2015, nació un nuevo club. Sí, tenía esa horrible sensación de que a partir de esta noche, todas nuestras glorias, toda nuestra inmensa historia, todas nuestras estrellas y nuestros áureos trofeos habían desaparecido por completo, en un parpadeo. Era como si ya no importaba haber vigilado el mundo desde la cima, en varias ocasiones, o haber sido nuestro césped un 'Auschwitz' deportivo.

Todo eso se desvaneció en mi mente, sólo podía pensar en un equipo desleal, en un equipo que no sentía mi equipo, pero que llevaba mis colores. Y no es que simplemente una agresión (injustificable y toda la bola) haya provocado eso, sino, el gesto de la mayoría de nuestros jugadores, cuerpo técnicos, ayudantes, dirigentes, empleados e hinchas.

Durante varios minutos, mantenía la esperanza, casi un desesperado anhelo, de que una utopía muy utópica podía llegar a suceder. Eran una simples imágenes, pero no sucedieron. No pedía que Boca se retire voluntariamente del partido como diciendo "perdón muchachos, nos hacemos cargo, así no se puede jugar". Eso si era imposible. Pero un simple gesto, de reprobación, de asco, de . ¿Cuantas veces vimos a jugadores ir a 'calmar' a sus propios hinchas? ¡Ni eso!

¿Qué tan Julio Verne hubiera sido ver a Gago (o cualquier otro) abrazado con Mora (por decir alguno), cada uno con la camiseta del otro? ¿Era algo descabellado? ¿Acaso Gago no podría nunca más volver a vestir la azul y oro por hacer eso? Era un gesto, mísero, de venta de humo dirán algunos, de comprensión, de compañerismo, de empatía. Era un gesto de vergüenza, era "un símbolo de paz", como diría un cantante. "Démosle una oportunidad a la paz", diría otro gran célebre. Pero no.

En cambio, solo sosteníamos actitudes como la del Vasco Arruabarrena, tal vez el que más se jugaba esa noche, que incomprensibles para un tipo que desde que tengo memoria ha sido uno de los 'panes de Dios' más buenos que vi dentro y fuera de una cancha de fútbol. Quería jugar el partido. No sólo que quería jugarlo, estaba loco por jugarlo. Pero hay tantas otras, la de Orión, como obligando a varios a 'agradecer' al publico. Otros, preguntando 'como estaban', 'si podían seguir', 'cuanto iban a demorar'. Hubo respeto por parte de Boca, pero no hubo más que eso por desgracia.

Porque yo al agresor lo entiendo, o tal vez no tanto, pero lo ciño al punto de vista de Juan Becerra (periodista de Olé) que escribió hoy:
"A la persona que atacó a los jugadores de River, ¿con qué patrones lo analizamos? ¿Con el Código Penal o con un manual de psiquiatría? ¿Es un delincuente o un enfermo? ¿Es un boludo o un hijo de puta? La última pregunta, la más frívola: ¿es un hincha de Boca? Porque los hinchas son personas sanas y, en cambio, este oligofrénico que vimos actuar con saña pero también con técnica (y un evidente conocimiento del daño que podía causar) tiene la estructura mental del fanático, que hoy está con Boca, mañana con el Ku Klux Klan y pasado con el ISIS." - Juan Becerra, Diario Olé (15/05/2015).
Pero a esos 'profesionales', que hacen campañas contra la violencia, que dicen que esta violencia esta en la sociedad, en las tribunas. A ellos no los entiendo, los que dicen ser 'colegas' y después no demuestran ni un mínimo gesto de humanidad ante once pibes que vinieron a hacer su trabajo, y fueron atacados.

Y lo peor de todo es que esto es una pasión, y ustedes saben, la pasión no se explica ("todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan" - Rousseau). Por eso, por la desgracia de las pasiones, YO, como un esclavo, voy a estar el próximo finde gritando los goles de estos mismo muchachos que me lastimaron el más débil sentido de humanismo, y créanme que eso no me enorgullece nada. Porque, otra vez créanme, anoche pase una de las experiencias más decepcionantes de mi vida, y vestida de azul y oro, con el nombre de mi amor. Pero para mi ya no era mi amor, era otro club, uno nuevo, que poco tenía que ver con el que yo recordaba como mío. No fuimos nosotros. No fuimos Boca.