[PROMESA] La historia de Sergio Díaz, la nueva joyita del fútbol paraguayo






Cuando él nació, el actual capitán de su equipo -Bonet- ya jugaba en la Primera División de Paraguay y el que le acompaña en la punta del ataque -Güiza- ya hacía goles en la Segunda B española. Sergio Díaz, nacido en Itaguá -a 30 kms de Asunción- el 5 de marzo de 1998, acaba de cumplir 16 años y se ha convertido en la gran sensación del fútbol paraguayo al acumular ya doce partidos y cuatro goles con el primer equipo de Cerro Porteño, uno de los clubes más grandes del país.
Tras dar buena imagen en la última Copa Libertadores, el Ciclón de Barrio Obrero ha experimentado un importante cambio en apenas cinco meses. Futbolistas de mucho peso como el portero Roberto Fernández, el carrilero diestro Matías Corujo o el atacante Ángel Romero abandonaron la entidad y poco después lo hizo también el técnico Francisco Arce para dar paso a Leonardo Astrada. En este contexto, la aparición de Díaz ha supuesto una inyección tanto futbolística como anímica para un conjunto que vuelve a funcionar, lidera la tabla en el torneo local y sueña con hacer algo importante en la Copa Sudamericana.

En 2008, Sergio Diaz llegaba a las categorías inferiores de Cerro tras cuatro cursos en Tacuary, donde había destacado en la posición de central. Ya de azulgrana, pasó a jugar como delantero y siguió creciendo hasta ser elegido mejor jugador sub-15 de Paraguay en 2013 en los Premios Joven otorgados por ABC TV. El Ciclón tenía una joya y el Chiqui Arce no tardó en darle la oportunidad pese a ser tan solo un adolescente: el pasado 28 de junio debutaba en Primera en la última jornada del Apertura.

Ya en el Clausura, ha sido de la mano de Astrada cuando se ha asentado en el primer equipo. Nada más llegar, el que fuera leyenda de River decidió apostar por él de inicio en el gran clásico ante Olimpia y, pese a perder, al joven punta no le afectó para nada la presión ni la magnitud del choque y fue de lo mejor de su equipo.
Sergio Díaz tras su buena actuación ante Olimpia: “Soy un mitã’i (niño) aún, pero siempre fui vivo. Entré muy confiado”.



En un conjunto que tiene como formación base el 4-4-2 y trata de abrir mucho el campo con sus dos extremos -habitualmente Sperduti y Óscar Romero-, son los delanteros los encargados de generar juego por dentro y ahí Díaz ha adoptado el papel que antes tenía Ángel Romero -ahora en Corinthians-. Acompañado siempre de un punta más corpulento y acostumbrado a fijar a los centrales -José Ortigoza o Dani Güiza-, es el encargado tanto de bajar a recibir para mejorar la circulación como de desmarcarse al espacio cuando se necesita mayor profundidad.

Su cuerpo liviano, de poco músculo y tan solo 169 centímetros, suele sufrir en los contactos y por ahora es dado a la pérdida por enseñar mucho la pelota y no estar aún acostumbrado a enfrentarse a defensores muy superiores a él en el aspecto físico, pero todo eso lo compensa con una movilidad continua que el permite estar solo prácticamente siempre, muchísimo desparpajo y atrevimiento para intentarlo una y otra vez pese a que no siempre le salga bien y una tranquilidad en el área más que notable a la hora de definir.

Comparado continuamente con el Kun Agüero, su mayor ídolo y con el que comparte precocidad y características futbolísticas, la principal duda en torno a él es la de siempre en los casos de estrellato adolescente: cómo responderá al éxito cuando aún es más niño que hombre. La primera medida para tratar de que continúe tan centrado como hasta ahora ha sido que desde esta semana su padre abandona su trabajo y se encargará exclusivamente de llevarlo a los entrenamientos y cuidarlo en el día a día.