[Copy&Paste] Challengers: ¿plataforma al futuro o refugio del pasado?


Nota para Canchallena.com (La Nación) de Marcelo Gantman.

Un torneo en San Juan y otro en Córdoba es lo que el calendario argentino presenta por todo concepto en materia de challengers de tenis en 2014. Eso está pasando ahora. Desde el último lunes, en estos 15 días varios tenistas argentinos le dan consistencia a este tipo de campeonatos que sirven de pista de despegue o refugio según las aspiraciones de cada competidor.

Tal vez eso identifique a los challengers desde su costado competitivo: siempre parecen ser la transición hacia otra pantalla. Son una especie de antesala hacia una "vida mejor" si las cosas salen bien y se crece en el ranking. El incentivo mayúsculo de esta época es garantizarse un ingreso directo al Abierto de Australia y justificar con eso el viaje hacia el otro lado del mundo. Al menos 16 jugadores argentinos, sobre 32, arrancaron en San Juan con esa intención.

Los challengers pueden ser la contraseña correcta para acceder al primer Grand Slam del año, pero esa participación no marca la jerarquía real de un tenista del circuito. Ya lo dijo una vez Ion Tiriac, desde su trono en La Caja Mágica de Madrid: "Los mejores partidos son los que se ven desde la primera ronda de un Masters 1000, no en las primeras rondas de los Grand Slam. Simplemente porque en los Masters es donde están los que realmente son buenos jugadores". La crudeza de Tiriac es ilustrativa para comprender dónde está la búsqueda real de un tenista profesional para contar con un valor agregado: la estabilidad que permita ingresar directo a los torneos de ATP.

Luego del US Open la oferta competitiva para los jugadores que están entre el puesto 65 y 90 baja notablemente. Solamente quedan como objetivos alcanzables dos torneos de ATP con entrada directa y otras cuatro clasificaciones para probar suerte. Parte de esa acción se encuentra en la gira asiática, lo que constituye demasiado riesgo y un costo excesivo para aquellos jugadores que deben analizar al detalle cuánto invierten en su carrera. La alternativa de jugar challengers puede servir para equilibrar economías y bajar el riesgo. Tal vez esta mirada tenga poco de contenido deportivo, o no lo prioriza al menos. Pero desde que se transforma en un profesional de este juego, el tenista es un sujeto que analiza todas sus variables desde la ecuación costo-beneficio. Es parte de su responsabilidad. El tenista vive haciendo cuentas (de dinero, de puntos, lo mismo da) y en función de eso canaliza su preparación. Carlos Berlocq hizo esa elección luego de la Copa Davis en lugar de viajar hasta China. Fue a Brasil, ganó en Porto Alegre y luego apuntó hacia la gira europea bajo techo.

Desde ese aspecto, los challengers pueden ser un refugio hasta que el tiempo mejore o una plataforma de lanzamiento hacia ligas mayores. En ocasiones se dan las dos cosas al mismo tiempo. Jugadores con nivel para torneos de ATP mezclan esa participación con challengers con una idea estratégica del armado de la temporada. Dar un paso atrás para dar luego dos hacia adelante.

Pero bien saben ellos que ningún jugador, a la larga, logrará una ventaja económica si su escenario permanente es el de los torneos challengers. La diferencia de premios que existe entre los campeonatos grandes y los challengers es cada vez mayor. En cambio, la inversión de dinero y de físico que hace un tenista es la misma. Los challengers hoy mezclan a jugadores jóvenes que quieren progresar, otros que se recuperan de lesiones y necesitan sumar puntos antes de volver al circuito mayor y una buena cantidad de tenistas que ya han quedado atrapados en ese nivel de tenis sin mayores horizontes. Quienes puedan emerger de esa lucha de todos contra todos tendrá la posibilidad de meterse en Australia y después ver para donde va la corriente.

La economía de su bolsillo es la que manda cuando un jugador decide dónde jugar y en qué condiciones. La economía en general es la que manda cuando el calendario argentino ofrece apenas dos challengers anuales, cuando hace no tanto, aspiraba a contar con un mínimo de cinco.